Me sorprende el pequeño escándalo que se ha montado con las actuaciones del músico ultraconservador Sizzla. Una lástima que lo sea, porque probablemente sus conciertos sean magníficas experiencias artísticas. Igual esta vez la FELGTB se ha pasado, pero también consuela saber que es una organización con tanto eco en la prensa. Puede que haya sido el cambio de presidenta de la federación, que se hayan querido marcar un tanto tras el último congreso, no sé.
La información se puede encontrar en numerosas webs, a cuál más confusa y sensacionalista. Da igual. Lo que me ha llamado la atención es la fijación veterotestamentaria compartida por todas esas comunidades que defienden la familia tradicional cristiana patriarcal. Los rastafaris se parecen más a los opusdeístas y a los judíos ultraortdoxos de lo que probablemente quieran reconocer. A nadie le gusta que le digan que es más conservador de lo que uno mismo se cree. De hecho, el comunicado que han emitido defendiendo la postura del músico, promotores y demás, atufa a conservadurismo cristiano del tipo Foro de la Familia, en lo de extender el campo semántico de “pederasta” a “homosexual”. Y lo de las “diferencias culturales” no cuela, al igual que no cuela lo del Nobel de la Paz a la Sirleaf.
En fin, será divertido si a los conciertos de Sizzla acude el público recién conquistado de los neonazis, y también los militantes de Unió, o que al tipo este le vaya a recoger Duran i Lleida al aeropuerto.
Todos los fachas se parecen entre ellos. Más de lo que quieren reconocer.









